
Harry Potter se ha convertido en una serie icónica, conocida por casi todo el mundo, que ha sentado las bases del género fantástico-mágico. El primer libro fue publicado en 1997 y una década después se publica el séptimo y último libro de la saga. A pesar de esto en 2016 se presentó una obra de teatro ambientado en el universo de Harry Potter pero situada en el futuro, donde los protagonistas son los hijos.

En mi opinión, uno de los mayores logros de Harry Potter es el inmenso universo que ha creado a su alrededor. Se ambienta en nuestro mundo real, aunque con el añadido de la omnipresencia de la magia. En él conviven personas no mágicas (los llamados muggles) y los magos. A pesar de estar asentado en el mundo real, hay numerosos sitios pertenecientes al mundo mágico entre los que destacan Diagon Alley y el mítico castillo de Hogwarts. La serie logra entrelazar, no solo el mundo físico, sino elementos más abstractos como la política y las relaciones internacionales; con la aparición del Ministerio de Magia además de menciones a países extranjeros.
Entre los muchos elementos que se podrían destacar del universo de Harry Potter, quiero hacer mención a los docenas de personajes que aparecen a lo largo de la serie. Un lector ávido de la saga sabría nombrarte decenas de ellos de un tirón y no solo eso, sino que cada uno tiene su propia historia que se entremezcla con la de los demás. Incluso los secundarios dejan entrever rasgos de su personalidad. Sin embargo, la mayor atención reside en los personajes principales de los cuales no solo logramos conocer su forma de ser, sino cómo esta va evolucionando a lo largo de los años.
A la gran riqueza de este mundo contribuye las diversas historias escritas por los propios fans, que amplían aún más el mundo. En conclusión, Harry Potter ha abierto las puertas a un mundo ficticio en el cual la magia está a la vuelta de la esquina.
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